Hola y bienvenidos

Hola a todos y a todas y bienvenidos a este Blog donde hablaremos de mi personaje favorito:La Muerte y no solo mi personaje favorito tambien para la mayoría de los lectores.Abajo aparecera una (Gran) explicación de toda su vida o lo que se podria llamar su vida en el Mundodisco.

"Que puede esperar la cosecha si no importarle al segador"
La Muerte

sábado, 16 de mayo de 2009

El Pasatiempo de La Muerte

Rincewind era el peor mago de todo el Disco,solo conocia un hechizo y en su sombrero de mago ponia:"ECHICERO".Tenía la habilidad de escapar de todos los peligros,aunque eso sucedia gracias al hechizo aunque sin el hechizo tambien seguia teniendo esa extraña habilidad y eso hacia feliz a Rincewind ya que cada vez que veia a La Muerte al final la Muerte se hiva algo molesta por que Rincewind no habia muerto como se suponia que tenia que pasar.La Muerte al final decidió poner el reloj de arena de Rincewind en un estante especial ya que con Rincewind ocurria algo extraño,La Muerte no sabia cuando hiva a morir Rincewind siempre que habia una posibilidad de que moriera la Muerte hiva a visitarle pero al final no moria.Asi que La Muerte acabo teniendo un pasatiempo atrapar a Rincewind por que ese mago la molestaba demasiado para empezar no acudia a sus citas.Incluso se habian convertido en casi amigos(Quien seria amigo de la Muerte).


Muchas veces se ha dicho que, aquellos que son sensibles a la radiación del octarino -
el octavo color, el Pigmento de la Imaginación- pueden ver cosas que resultan
invisibles para los demás.
Así fue como Rincewind, que corría -con el Equipaje trotando tras él- por los populosos
bazares de Morpork, iluminados por bengalas al anochecer, tropezó con una figura alta
y sombría, se volvió para dedicarle unas cuantas maldiciones, y se encontró frente a
frente con la Muerte.
Tenía que ser la Muerte. Nadie más iría por ahí con las cuencas de los ojos vacías,
claro. Y la guadaña que llevaba al hombro era otra pista. Mientras Rincewind la miraba
horrorizado, una pareja de amantes, riéndose de algún chiste privado, atravesaron la
aparición sin darse cuenta de nada.
La Muerte parecía sorprendida, al menos hasta donde puede parecerlo un rostro sin
rasgos móviles.
— ¿RINCEWIND? -dijo la Muerte, en tonos tan profundos y pesados como puertas de
plomo cerrándose en una cavidad subterránea.
— Hummm -respondió Rincewind, intentando apartarse de la mirada sin ojos.
— PERO ¿QUÉ HACES TÚ AQUÍ?
(Bum, bum, lápidas de criptas en sólidas montanas antiguas, comidas por los
gusanos...)
— Hummm... ¿por qué no iba a estar aquí? -se las arregló para responder Rincewind-.
Además, estoy seguro de que tienes mucho que hacer, así que te dejo...
— ME SORPRENDE QUE TE HAYAS TROPEZADO CONMIGO RINCEWIND, PORQUE TENGO UNA CITA CONTIGO ESTA MISMA NOCHE.
— Oh, no, no...
— PERO, CLARO, LO JODIDO DEL ASUNTO ES QUE YO TE ESPERABA EN PSEPHOPOLOLIS.
— ¡Pero eso está casi a ochocientos kilómetros!
— NO HACE FALTA QUE ME LO RECUERDES.YA VEO QUE SE ME HA VUELTO A DESCUAJARINGAR TODO EL SISTEMA.OYE,MIRA, ¿NO TE IMPORTARÍA...?
Rincewind retrocedió, extendiendo las manos frente a él como para protegerse. En una
caseta cercana, el vendedor de pescado seco contemplé a aquel loco con interes.
— ¡Ni pensarlo!
— PUEDO PRESTARTE UN CABALLO MUY RÁPIDO -ofreció la Muerte.
— ¡No!
— NO DOLERÁ NADA.
— ¡No!
Rincewind se dio la vuelta y echó a correr. La Muerte le miró alejarse, y se encogió de
hombros con gesto de fastidio.
— PUES QUE TE DEN POR CULO -dijo la Muerte.
Se dio la vuelta, y vio al vendedor de pescado. Con un gruñido, la Muerte extendió un
dedo literalmente huesudo, y detuvo el corazón del hombre. Pero no le sirvió de
consuelo.Entonces, la Muerte recordó lo que iba a suceder aquella misma noche. No sería
correcto decir que sonrió, ya que, en cualquier caso, sus rasgos estaban
perpetuamente congelados en una sonrisa calcárea. Pero empezó a tararear una
tonadilla, tan alegre como el entierro de un apestado, y -deteniéndose sólo para
robarle la vida a una mosca de mayo, y una de sus nueve vidas a un gato que se
escondía cobardemente bajo la caseta de pescado (todos los gatos ven el octarino)-, la
Muerte giré sobre sus talones y echó a andar hacia el Tambor Roto.

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